El objetivo de una Ley Electoral es conseguir que la voluntad del pueblo soberano sea reflejada en la distribución del poder tras unas elecciones. En este aspecto hay casi tantos modelos como países, votación directa a candidatos o a partidos, listas abiertas o cerradas, a una o a varias vueltas... Y también se usan diferentes fórmulas matemáticas para distribuir la representación convirtiendo los sufragios en diputados o concejales.En España, los "Padres de la Constitución" optaron por un modelo y una fórmula matemática que benefician a los partidos mayoritarios y en el ámbito nacional se decantaron por la elección de diputados por provincias, de esa manera CiU obtenía más escaños en Cataluña que IU en todo el territorio español teniendo éstos nueve veces más de votos. Si a ello unimos la falta de democracia interna en los partidos y la elección de bastantes candidatos impresentables a través de las listas cerradas, queda servida la necesidad de una revisión profunda de nuestro actual sistema, tal y como pedía el 15 M al grito de "no nos representan".
Llamemos a las cosas por su nombre: el actual sistema electoral no ha sido modificado hasta ahora porque beneficia a los dos grandes partidos, que son los que tienen la mayoría parlamentaria para ello. Pero ahora que tras las elecciones europeas ha florecido un nuevo panorama y se ve peligrar el tradicional reparto, se empieza a hablar en serio de la reforma de la ley.
En la coyuntura actual, con la ley que nos rige desde hace más de 35 años, el PP perdería la mayoría de ayuntamientos que hoy tiene en su poder, pero no porque los gane el PSOE, también muy desprestigiado, sino porque con el surgimiento de nuevas mayorías se podrían dar pactos multipartitos con los socialistas como nexo de unión que arrebatarían todas aquellas alcaldías que los "populares" no ganaran por mayoría absoluta, y todos sabemos que perder las municipales suele ser la antesala de la derrota en las generales.
Debatir sobre la ley electoral e introducir en ella los cambios necesarios con objeto de reflejar mejor la voluntad popular es algo conveniente y necesario, pero provocar una modificación a pocos meses de unos comicios y que lo que se quiera reformar vaya en la línea de beneficiar al partido del gobierno es altamente sospechoso. Da la impresión de que el Sr. Rajoy no anda buscando que la voluntad popular sea reflejada fielmente, sino acomodarla para su propio beneficio. Es decir, que lo que el pueblo manifieste a través de sus votos sea lo que él quiere escuchar, y si no lo es, ya se encaragará él de que se interprete a su acomodo.
Esperemos, por el bien de todos que el otro partido mayoritario, el PSOE, no siga el juego y que los cambios que se han de hacer respeten nuestra soberanía, la del pueblo español, que es la base de la democracia.